martes, 16 de marzo de 2010

¿Qué alegrías has conocido tú?

Aunque mi alma –un desierto sediento de ilusiones- /no pide su derecho de juventud y amor, /sólo te imploro en calma, por mis renunciaciones… / Tu me diste dos almas: la una, de diamante,/ los golpes de la vida bien puede soportar;/ pero me diste otra alma, soñadora y amante,/ y de pasión, a veces, me siento desmayar./ Son los mejores años de mi existencia, y muero…
Elvira Lascarro Mendoza

Sin cambio aparente en la rutinaria normalidad, amaneció. Y como es costumbre en esta vecindad y sabido de ustedes los ladridos de Lulú y Lily anuncian el nuevo día mientras Elmer calle abajo repite la noticia. Si Sobra ni se da por enterado. De pronto, los presagios: si bien suele decirse que la muerte nos lleva de tres en tres, estos parecen llegar también en trío. Primero fue Rosin, de camino a su oficina me preguntó por ti. ¿Por qué? Al rato, de vuelta en casa revisando mi página en facebook, y contestando los mensajes de anoche, llama mi atención de un poema de Johanna Andino Rivera: “Y los oídos que acordaron no beber la palabra lesionada; Hoy beberán lamentos con lágrimas libres y mejoradas”. Ahí ya me embargaba la sensación de la estocada perfecta -touché, Tomás- sin cruzar florete con la amiga poetisa. Salgo al traspatio, a la sombra, entre palmeras y flores disfruto sentado a la mesa el tercer pocillo de café. Fue entonces que recibí la llamada de mi hermano, quien había descubierto una página en facebook del barrio Espino de Añasco, el barrio de nuestra remota infancia. Y recordamos tiempos idos, y hablamos de ti, de la familia, de amigos y los vecinos de aquellos días. Al terminar la llamada dejé el celular sobre la mesa, cerca al pocillo vacío. Recordé que una foto tuya marcaba un poema en Antología Poética Universal y fui hasta la biblioteca. Es una foto en sepia. Estás sentada en un banco… estás joven y hermosa, el cabello rizado, te acompaña el viejo y una de las tías… Releí el poema. Fui por mi celular y salí a dar una vuelta. Un ruido de amargura ocupó el camino y el vacío de tu ausencia se fue haciendo presente, y mi memoria se allegó hasta el pueblo… ¡Maldito! La gente puede llegar a ser tan cruel. Y sentí coraje, lo confieso, es un coraje ya viejo. Un coraje que nadie puede quitarme, es lo único mío… Las horas cogieron el sendero que conducía a la nada.Y se me fue yendo el día.

En la noche, libro, foto y laptop en mano regresé a la mesa en el traspatio. Y las primeras líneas de la Plegaria marcada por aquella foto preceden (como epígrafe) esta nota que algo más fuerte que la prudencia me obliga a escribir para ti…

Hoy en la mañana, de un modo extraño, casi infantil, reí contigo y celebré ese niño que aún camina conmigo. A la caída de la tarde había en mí, sin embargo, una confusa inquietud. Te he tenido tan a la distancia durante mucho tiempo… sin conseguirlo. Aunque nunca te dije, de llevarte tan dentro y olfatearte sobre terrenos recién movidos, cada amanecer me conmovía -no imaginas cuánto- aquel triste mirar de tus ojos azul cielo y tu alma de poetisa, tronchada. Mi obstinación en alejarme ocultaba el temor de que llegada la noche te me esfumaras nuevamente, temor confuso e irracional que aumentaba de continuo. Descubro que conforme transcurren los años, y voy recobrando la lucidez, se me hace todo tan claro que oscurecen mis ojos lágrimas negras. Y que encaneció el tiempo mis cabellos... ¡Como han pasado los años! Hoy comprendo el porqué de tu rostro afligido, tus lágrimas bondadosas, tu dolido corazón, el silencio en tus labios apretados… tan callada de ilusiones, en ocasiones ¡tan severa!; tu encono con la vida. ¡Si pudiera como antes de...! Recuerdo que en mi adolescencia temprana te busqué en aquel vagar por las tinieblas de la noche, perdido en llanura de sombras; “errante por los umbríos senderos de las incertidumbres dolorosas”. He pagado el precio de no encontrarte aquella madrugada... Y me pregunto ¿Qué alegrías has conocido tu? Si tu vida fue tan dura, y tan abundante en privaciones... A pesar de la espera en exclusiva entiendo tu prioridad de entonces en la decisión tomada. Así que dejemos de lado las tristezas y venga a nuestras vidas la alegría. ¡Hoy cumples ochenta años! La vida misma te absolvió. Y yo no me cansaré de celebrarlo. Si no hubieras partido entonces serías otra de tantas víctimas, una estadística más en un amarillento y olvidado diario. ¡Que fuerte has sido, mujer! Celebro tu decisión. ¡Estoy tan orgulloso de ti!

PD: Perdona a este descreído que hoy, pasado tan largo tiempo, pide tu bendición.

2 comentarios:

  1. Saludos amigo. Me encanta este blog. Leer prosa es algo tan relajante y aquí siento un alivio de las cargas que me producen el leer tanta noticia que me carga de molestia y ansiedad. Me encanta.

    Adelante y éxito.

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  2. Gracias Prometeo. Aunque el blog requiere de bastante dedicación, pues me distrae de la novela que estoy escribiendo, y de un libro de otros temas,me satisface el saber que nunca será en vano la escritura, que siempre habrá lectores que aprecien y disfruten de nuestro trabajo. Un fuerte abrazo.

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