martes, 20 de abril de 2010

Amigos

“…y salí a la calle y todo seguía igual, el mismo sol, el mismo ruido, la misma gente, sin que pesaran sobre nadie en concreto los negros nubarrones del porvenir. Y cuando pasé por el parque alzaron, como siempre, su precavido vuelo las palomas”.

                                                                           Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios)


Las doce de la medianoche y la ventisca aún mantiene en el remolino de sus aires el incesante murmullo de las cosas por contar. Bajo los efectos del hechizante conjuro, he pasado largas horas aquí, en la mesa del traspatio, entre libros, mi laptop, papeles y una hermosa y fresca rosa roja, ya sin espinas, obsequio de un corazón que logró vencer sufrimientos, desengaños y traiciones de los frutos que de su entraña parió de mala simiente; rodeado de las palmeras y flores que en ocasiones he descrito anteriormente, mis dedos sobre el teclado trabajando en La fiesta de los ausentes. Metido entre personajes que vienen, van o desaparecen junto a las hojas que Céfiro arrastra a su antojo, así llamaban los antiguos al viento que viene del oeste. A veces, el releer lo recién escrito provoca ideas nuevas o quizá el resurgir de interrogantes ya viejas. Y entonces, me veo flotando en un mar de posibilidades. Mecido sobre oleadas de causticidad; arrastrado por corrientes que trajeron consigo ecos de un malvivir olvidado, lo quedado en el transcurso a una vida plena. Esto suele suceder cuando se escribe entre el pasado y lo imposible. O historia de distraídos con ojos sólo para los sueños; historia de amores que gritó la carne; historia de románticos embelesos; limbo con nombre de poblado y aroma salitroso costero; autobiografía en baile de máscaras; placer del hacerlo por hacerlo…
Provocar. Implícito esta en la literatura. ¿Por qué no? Por aquellos amores vivos, por otros que nunca fueron, por esos amores que aún vagan entre dos mundos inciertos. O quién sabe… ¿Dónde se ha ido? Aquel amor de mi querido pueblo que por nacer nació ya muerto.

Dormita, acurrucado al pie de la mesa, Si Sobra, mi anciano perro. Hay quienes aman a los perros y los respetan. Y hay quienes tienen una concepción muy negativa de ellos. Mi perro es como el Barbián del cuento de Francisco Ayala, tirado el día entero. Atontado. Ni despierto ni dormido. Ciego. En fin, que es una calamidad. Pero “el perro Barbián del cuento de Francisco Ayala, tenía orejas largas peludas y grandes manchas color canela oscuro sobre su piel blanca”. Si sobra tiene las orejas cortas, puntiagudas, el pelo a ras liso, del negro azabache de los perros del averno. Parecido por cierto al Anubis, el perro guardián de la cámara sepulcral del faraón egipcio. Aunque también, como Barbián, por aquellos años, Si Sobra gozaba de la energía de un Argos, el perro de Ulises que inmortalizara Homero. Al asomarse el sol, mi perro me despertaba en medio de un concierto de ladridos e intentaba entre sus muestras de afecto su baboso lamer pues eran aquellos sus besos. Y me seguía del traspatio a la biblioteca, hasta el jardín interior aledaño, donde en domingo de mañana, al compás de salsa de la gorda que se escucha de casa de Franqui y Magüy, oriundos de Tras Talleres, Figueroa, La Colectora en Santurce, suelo leer el ejemplar del periódico El Día impreso. Y me seguía por la vecindad entrada la tarde. En la noche, de regreso, cual soldado amigo a los pies de la cama velaba mi sueño. Hoy me acompaña en mis lecturas, mis horas de escritura, tiempo de ocio; el día entero… En lo que a mi respecta no puedo esperar de él mayúscula demostración de leal afecto. Ligado a nuestra vida misma, a su tiempo y mi tiempo, la proximidad de su partida o la mía es conciencia de ida sin regreso. Después de todo esta historia lo que esconde dentro es la hermosa amistad de dos otrora callejeros.

Yo me crié en la calle. A Si Sobra, de la calle lo trajeron. Se pasaba de aquí y allá a más allá de la casa de Berta, la prieta culona de la cuarta, en Lomas Verdes. Si sobra la conocía y esperaba a que ella echara las sobras de carne y vísceras atrás en el basurero. De cuando en cuando ella le tirara el hueso de una pata de jamón que le traía cada semana el carnicero, su marido, a quien todos allí en la cuarta conocían como Bebo. A casa me lo trajeron -la tarde que a unos granujas le dio por tirarle el auto encima y atropellarlo al sorprenderle comiendo- la prieta culona Berta y su marido Bebo, el carnicero. ¿Por qué siempre habrá quienes se gocen abusando de animales, haciendo papel tan triste, logrando tan sólo en ello el efímero goce que al parecer disfrutan un grupito de pendejos que no han bajado del árbol que habitaron sus ancestros. Yo era entonces su cliente: de la prieta culona Berta y su marido Bebo, el carnicero. Cliente de lunes y viernes, días que jugaba dominó y compartía con ellos. Allí corrían las butifarras, morcillas, la carne de cerdo, güisqui, ron blanco y cañita “del bueno”, y se cantaban milongas y se bailaban boleros bajo el frondoso árbol de mangó que según ellos sembraran sus abuelos. El negocio en luces de neón anunciaba: La Carnicería del Bebo y la Berta. Y escrito en palabras más pequeñas, “la mejor carne no pellejo”. Pero ese día llegaron a mí con Si Sobra en brazos, herido, por ser yo amigo y vecino de Christian, prestigioso “cura perros”. Y desde ese mismo momento, como en casa ni hubo ni habrá amos, ni tampoco había entonces ni habrá nunca otro perro, Si Sobra se quedó conmigo, nos fuimos haciendo compañeros.

Desde tiempos inmemoriales, perro ha sido más bien sinón a lo miserable, cólera, maldad -como ha podido llegar a verse-, incluso al vagabundeo. Llegó una época en que entre israelitas se llamaba "perro" al que no estaba en el pacto con el Dios de Israel o adoraba otros dioses o creía en mensajes de los muertos. Y vemos que en la llamada Sagrada Escritura abunda esta especie de “cogida” con los perros; en Apocalipsis: “¡Felices los que lavan sus ropas, porque así tendrán acceso al árbol de la vida y se les abrirán las puertas de la ciudad.” De seguido: “Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras…”, O sea, a vivir a la intemperie compañero. Y en otras partes advierte despectivamente: “Se les aplica con razón lo que dice el proverbio: El perro vuelve a su propio vómito y el cerdo lavado se revuelca en el barro”. Hoy ronda una versión moderna aplicada a los humanos, de uso y costumbre en conversaciones donde más de una mujer acusa al hombre de ser como la mosca (no hay que negar que con alguna razón): “Capaz de dejar un suculento bizcocho por una plasta de mierda”. ¿Niegas que alguna vez alguien te lo haya dicho? Si estás libre de culpa tira la primera piedra… ¡Si hasta se ha llegado a decir que el día de los padres es el día de los perros! En 1 Samuel: “El filisteo dijo a David: ¿Acaso soy un perro para que vengas a atacarme con palos?”. Y aquí se da por bueno el maltrato acostumbrado a los animales. 2 Reyes: “Quemarás sus fortalezas, matarás a espada a sus jóvenes, aplastarás a los niños y abrirás el vientre a las mujeres embarazadas. Jazael dijo: ¿Cómo podré yo, que soy menos que un perro, llevar a cabo tales hazañas?”. Se le considera bestia cruel, incapaz de afecto.

De relatos que preceden los tiempos de las narraciones y costumbres recogidas en los libros que conforman las llamadas Sagradas Escrituras, y del folklore de pueblos y naciones alejados de las tierras palestinas, nos llegan otras. “Para acordar la paz tras una guerra, entre los kavirondo, en el Africa oriental británica, los vencidos cogen un perro y lo cortan en dos trozos. Cada una de las partes (vencedores y vencidos) agarra respectivamente los cuartos delantero y trasero del dividido animal y promete mantenerse en paz y amistad sobre la mitad del perro que tiene en las manos. Y entonces alguien grita: “Que el hombre que rompa este acuerdo de paz muera como este perro”. (Ver El folklore en el Antiguo Testamento, James George Frazer, Fondo de Cultura Económica) Y así queda sellada la paz con esta horripilante falta de cordura.

Sin embargo, en el siglo IV antes de la era cristiana, los cínicos: filósofos llamados perros, rompiendo toda regla pisotearon las convenciones de la sociedad de la época con actos de insolencia sobrenatural, reflexión y desprecio de las costumbres del hombre: “digno de todo dios del conocimiento, libidinoso y puro” Y de ahí que debamos aprender de estos filósofos el que “somos todos ridículamente prudentes y tímidos: el cinismo no se aprende en la escuela. El orgullo, tampoco”. Los cínicos perros nos desnudaron. Y nos mostraron más despojados de moral que lo que lo hiciera la comedia de la época o los anunciados Apocalipsis de todas las culturas. Y ello principalmente desde los lugares públicos, las plazas y las calles; lugares comunes del perro callejero. Mis respetos por los cínicos llamados perros: Diógenes («En los juegos olímpicos, habiendo proclamado el heraldo: "Dioxipo ha vencido a los hombres", Diógenes respondió: "Sólo ha vencido a esclavos, los hombres son asunto mío".» (Ciorán, El “perro celestial”), Antístenes (padre fundador de la escuela cínica, llamado “el Verdadero Can”), Crates o Hiparquia (Ambos tenían relaciones sexuales en público “cómo si se tratara de un happening para los caminantes”). Ellos aspiraron a identificarse con la “simplicidad y desfachatez de la vida canina”. Todo esto ha sido estudiado -entre otros- con particular inclinación por Michel Onfray (Ver Cinismos/ Retrato de los filósofos llamados perros, Editorial Paidós, SAICF). Impongámonos, acorde al cinismo perro de hoy, la tarea de “arrancar máscaras” y destruir mitos de la sociedad actual.

Retomando el hilo, pasados varios años, más de diez creo yo, me enteré por la radio que un escopetazo en el estómago dejó al carnicero tirado bajo una res que colgaba en el corredor al interior del refrigerador de La Carnicería del Bebo y la Berta. La culona y prieta de la Berta quedó sin vida sobre la caja registradora con los puños crispados sobre una camisa a cuadros que arrancó a su asesino. A las seis y treinta y cinco de un sábado en la tarde, entraron a robarle y su día terminó. Fueron tres los culpables, uno de ellos el que a Si Sobra atropelló. Hoy los tres se pudren tras las rejas. Se dice que el de Si Sobra no disparó, pero afuera quedó velando a que nadie más entrara. Confesaron su horrendo crimen. Y aunque han pasado los años no puedo negar que celebro que se pudran en prisión. La verdad manifiesta que ello hoy nada resuelve (su familia anualmente pide al gobierno su perdón). Ha llegado a mis oídos que el que a Si Sobra atropelló es el más arrepentido, después de todo a nadie mató. Y al volver la vista a la mesa, entre los libros, papeles, la laptop, encuentro la página abierta de unas notas que Vallejo, en La Virgen de los Sicarios escribió: “Hace dos mil años que pasó por esta tierra el Anticristo y era él mismo: Dios es el Diablo. Los dos son uno, la propuesta y su antítesis.” Y mi mente quedó en blanco, por un rato se fundió.

A las tres de la madrugada mi nieta se levantó. Se allegó hasta el traspatio con Gloria, su osita de peluche en brazos. ¿Hola Papi, que haces?, me dijo llegando hasta mí. Escribo sobre unos perros, y Si Sobra…, le dije. Pues cuéntame, quiero… ¿No? Y sentándose sobre mis rodillas en mi pecho se acurrucó. Y como es la luz de mis ojos y manda en mi corazón, me olvidé de si Dios era el Diablo, de la culona Prieta Berta, de Bebo y quien los mató, de continuar trabajando en La fiesta de los Ausentes que era lo que en principio me encontraba haciendo yo. Me acordé de aquellos perros que un gran amigo, mi hermano diría yo, a sus sobrinos nombraba para robarles el corazón: Le hablé de Fifí, aquel perrito flaco, combinación entre poodle y chihuahua miniatura, que tenían Pancho y Ramona en la tirilla Educando a Papá. De Garrapo y Bala, los perros de Tapón y Luisa, y de Etelvina, una amiga de Luisa de las guindas. Y mi nieta se reía de aquellos nombres y personajes que no conocía. Y le conté de Whitey, el perrito de Mary, novia de un detective llamado Boston Blacky que trabajaba bajo la supervisión de un tal Inspector Faraday. Whitey mordía y rasgaba el pantalón de los malos… Y yo gruñí como perro e hice todas las payasadas que es capaz de hacer cualquier abuelo. De pronto Rintintín, el perro pastor-alemán soldado, bajo el cuidado del Cabo Rusty, el sargento Ohara, el teniente Rip Master, saltaba sobre un maleante que atacaba a un herrero, atravesaba campamentos de indios sin ser visto o salvaba vidas de gente en peligro de muerte; Otto, el perro de Beto el recluta; Scooby Doo, el gran danés cobarde pero bueno. Y luego le dije de un perro con capa roja que volaba como los pájaros y aviones. ¡Era Kripto!… el perro con superpoderes de Superniña, la primita de Superman, que también podía volar, tenía visión de rayos x, era super fuerte, no la mataban las balas,  el era un perro de acero, más veloz que el tren… Para ocultar su personalidad de perro superhéroe se quitaba la capa roja en las tardes y se ponía espejuelos tradicionales, feos, de montura negra, y se hacía el débil y pendejo, y en ocasiones le hacía las vacaciones a la caperucita. Y seguí mencionando perros e inventé los nombres de los 101 Dálmatas, pero mi nieta se había dormido. Eso de perros volando, personajes de tirillas de tiempo de Maricastaña, y los nombres de los dálmatas no iba con ella. Ella sabe de Sachi, la maltés de su prima Ana, de Guffy en Disney, de Lulú y Lily, de Elmer, de Beethoven, el gracioso y valiente San Bernardo… y por supuesto de Si Sobra. Los días que se queda en casa le acaricia el pelo, se sienta sobre su estómago, lo abraza… Y le habla y canta canciones: Había un sapo, sapo, que nadaba…, Mambrú se fue a la guerra…, Cangrejito, cangrejito, cangrejito de coral…, Yo tenía real y medio, con real y medio compré una perra, y la perra me dio….perritoooosss…..

De regreso de dejarla en su habitación, miro a mi anciano perro dormido, una calamidad. Recordé los días cuando en la calle o donde fuera defendía a este su mejor amigo contra cualquier peligro; defendía nuestra amistad como Cerbero las Puertas del Infierno, parecía un animal de tres cabezas y de su pelo cerca a las orejas una melena de venenosas serpientes amenazaban con morder y alejaban al peor de los enemigos. En verdad hoy no me sirve para nada… a no ser su compañía… Y es aquí cuando me acuerdo que en una entrevista que leyera hace algún tiempo, que le hiciera Ivana Costa a Gianni Vattimo, el filósofo italiano, sobre religiones, la verdad, los amigos… al final expresa el filosofo en unas líneas un pensamiento que creo podría sustentar mi posición: Sin embargo, “lo amo porque a su vez soy amado y puedo amarlo libremente si no tengo las rémoras de la verdad. Está aquel viejo dicho que se atribuye a Aristóteles pero que, al parecer, no es suyo: Amicus Plato sed magis amica veritas (Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad). Pienso que hay que dar vuelta las cosas: no se puede amar más la verdad que al prójimo: “Amigo de la verdad, pero más amigo de los amigos”.


Vídeo de fondo:

Alberto Cortez / Callejero




viernes, 26 de marzo de 2010

Para decir acá estamos todavía

Del sur, Neruda gritaba que una saeta le atravesaba el alma girando su desvelo hacia esta isla: «Cuando cantó cada nación su canto/ salido de victoria y sufrimiento/ cada voz nacional dijo su estrofa./ Tú bajaste los ojos en silencio./ Muñoz Mentira envió su telegrama/ de aceptación teñido por el miedo,/ pero tu voz estaba encarcelada,/ tu pobre corazón estaba preso./ El norteamericano puso el pie/ sobre Muñoz y le dictó un decreto/ y bajo ese decreto y esos pies/ el Estado Asociado huele a muerto./ El Muñoz Asociado sube y baja/ los corredores del Departamento/ ofreciéndole…/ un ataúd con dólares sangrientos./…/ clavado con los clavos del tormento/ por tus hijos traidores que taladran/ sobre una cruz de dólares tus huesos./ Sin embargo tu nuevo día anuncio:/ anuncio la llegada de tu tiempo:/ los mercenarios rodarán al polvo/ y se coronará tu sufrimiento,/ se restablecerán las dignidades,/ tu propia voz, tu propio pensamiento:/ expulsarás la insignia de Chicago,/ y tu bandera crecerá en el viento».


Otho y yo habíamos quedado en vernos a las cinco y treinta para cenar antes de ir a escuchar al amigo Dennis Márquez en su charla sobre el Caso de las Carpetas. Vino apenas se ocultó un sol a todas luces agotado, eran ya las siete y quince. Debo aclarar: agotado el sol, no Otho. Tengo la impresión que lo suyo se debe a las tantas noches perdidas en los casinos, y por ende, las obligadas largas horas en viajes de regreso para luego, haciendo de tripas corazón, intentar cumplir con las responsabilidades propias del matrimonio... Y otras exigencias: bañar y dar de comer a Anubis, sacar el bote de basura, cambiar bombillas fundidas, lavar los baños, desvelos por causa de una gota impertinente… Porque pensándolo bien, apenas me lleva unos años y no creo sea culpa de la edad su caminar cansino, su hablar pausado, sus lentos ademanes, su calva más que incipiente, quejas y dolamas, en fin esas cosas de viejo que le adornan. Ya en el auto, sin intención de invitarme a comer un carajo enfiló en ruta al Comité del Partido Independentista Puertorriqueño en Puerto Nuevo, donde sería la charla. Como nuestra pasión -amén de estos halagos y la lucha por la independencia patria- es la palabra escrita, nos dividimos asuntos: él remojaba ideas sobre el simulacro de tsunami, desastres o síndromes de negación, y yo sobre escribir algo de lo que estaba por escuchar. Y llegamos a las inmediaciones del Comité. Luego de varias vueltas encontramos al fin estacionamiento. Al ver tantos automóviles comenzaron las elucubraciones: debe estar reunido hoy medio mundo en Puerto Nuevo, nos rodean la UPAGRA, la Hermandad de Empleados de la UPR, el NMINH, tres restaurantes, un CDT, dos colegios, una casa de masajes... Según nos fuimos acercando vimos el Comité del PIP lleno a capacidad. Así que no intentaré enlazar con palabras nuestra alegría de mil poemas. Nos abrimos paso al interior, la charla había comenzado. Muchos jóvenes y decenas de veteranos militantes independentistas escuchaban. Mientras Dennis hablaba yo admiraba aquellos hombres y mujeres contra quienes no pudo ni el carpeteo, amenazas ni otras persecuciones, las lluvias ni las sequías, ni el tambalear de la armonía en sus familias y trabajos, ni el fin de proyectos, ni desastres electorales... ¡Y el ver aquellos jóvenes con el entusiasmo de quienes apuestan a la esperanza...!

Horas más tarde al regresar a la habitualidad de la mesa en el traspatio vino a mi memoria -de entre tantos otros- aquel día en el Espino, en casa de mis tíos. Y escribo lo siguiente:

La tarde en que compartíamos historias se metió en mi nariz el aroma del café y sobre una alfombra de hojas de panapén, aguacate y naranjo, entre hileras de hibiscos, rosas y vergüenzas vi acercarse a la tía, que si mal no recuerdo vestía una bata gris claro estampada en flores rojas y azules. Me dijo: “aquí tienes tu cafecito prieto, Luisito”. Y aprovechando que el tío Millo fue por unos documentos que interesaba mostrarme nos quedamos conversando allí en el patio. Hablamos de la familia, el vecindario, las cosas que habían cambiado... Reímos, ¡cuánto nos reímos! He de reconocer que su espontánea sonrisa es siempre motivo de fiesta en mí, la complicidad nos viene de los primeros recuerdos de mi infancia. Y no he de olvidar que por unos meses, en mi adolescencia temprana, viví aquí en esta casa: ella, el tío Millo y los primos que fueron mis hermanos de a diario. El bullicio de estudiantes en el intercambio de clases del plantel vecino me llevó unos instantes a mis correrías por aquellos mismos salones y pasillos; mis dibujos en sus paredes, precursores de los graffitis que la adornan hoy, mis amores de verano, la niña de la Cuchilla que me gustó tanto..., la de Ovejas...; los amagos de violencia y los encontronazos entre “gangas de escolares” en aquel nuestro barrio de entonces. Pasados los minutos regresó el tío mientras ella iba de vuelta a la cocina. Recuperamos las interrogantes y especulaciones congeladas en el aire, dejadas hacía unos instantes tras la llegada de la tía Moncha con el café. La conversación giraba, claro está, en torno a la política, tema que a ambos apasiona tocar en cada encuentro. De entre el amasijo de papeles y viejas revistas en la caja que traía en sus manos extrajo la Carpeta que le confeccionó la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico. Hablando de su carpeta y la mía aproveché el momento para decirle que en mi carpeta hay escrita una descripción de esta casa. El texto en ese folio comienza: Caso: Tomás Luis Vargas Morales/ Raza: negra/ Color: trigueño/ Ojos: negros/ Pelo: negro grifo/ Estatura: alrededor de 67”/ Peso: aproximadamente 130 lbs. Descripción de la residencia en que se encuentra: Parcela del Bo. Espino, calle Recreo #15-A […]… en la casa que está al lado derecho de la escuela del barrio Espino, de frente al parque de pelota. Casa de madera techada de cinc y piso de concreto. Al lado este tiene dos persianas y colinda con la escuela. Al lado norte tiene ½ balcón, una puerta y dos persianas. Al lado oeste tiene tres persianas y al lado sur tiene puerta y una persiana. Vo. Bo. Tnte. César Soto 7-1402, Jefe Unidad de Inteligencia. Y toda una cronología de piquetes, repartición de boletines, mis visitas a la entonces Pizzería de Roberto Aponte Toro, las reuniones en su oficina-residencia, fotos, amigos, entrevistas a vecinos, maestros, familiares, y hasta los días de vigilia frente al Oso Blanco mientras Rubén Berríos y los demás compañeros estuvieron presos por lo de Culebra (y algunas tarjetas, fotos mías frente a la Escuela Superior, y una nota que dice: la otra carpeta fue destruida).

Cuando nací ya era legendario el independentismo del tío. Por ello quiero contarles algo de él, aunque ya mencioné algunas cosas en Señal de primavera. “Perdimos el horizonte, no había rumbo, se nos fue cerrando el camino. Yo me mantuve hasta unos meses antes de las elecciones del 1964. Muchos estábamos cansados, agotados. Yo había perdido la esperanza, no hubo triunfos, ni a la familia era fácil explicarle el porqué seguir, no comprendían, se les hacía imposible comprender; vivíamos padeciendo aquella miseria, aquella agonía y era...prolongarla ó... No tuve otra salida”, recuerdo me dijo aquella tarde buscando el cielo con su mirada. Y hago énfasis en esto hoy, luego de la extraordinaria charla que diera Dennis, porque lo mismo sucedió a miles de hermanos puertorriqueños. En el último folio de su carpeta un agente de la policía escribió: “El 13 de septiembre de 1964, el pasado candidato a alcalde por el Partido Independentista Puertorriqueño, el señor Emilio Vargas Gerena, hace su ingreso a las filas del Partido Popular siendo presentado por el alcalde del municipio de Añasco, Agapito Crespo, en un mitin que contó con la presencia del gobernador, Luis Muñoz Marín”. La persecución y presión constante logró convertirse en razón para tragarse la voluntad de un hombre que luchó con pasión. Él mismo lo ha dicho: desde aquel día el automóvil que siempre me seguía se perdió de vista y el empleo ya no fue problema. Años más tarde llegó a ser el Director de Obras Públicas del Municipio de Añasco. En su carpeta, testimonio escrito de años de persecución, pude leer informes de los agentes que hicieron de su vida una dura y cruel batalla por sobrevivir. Como diríamos en el barrio: “le hicieron la vida de cuadritos, pana”. La preparación de expedientes de independentistas, esas llamadas Carpetas de Subversivos donde el gobierno de Puerto Rico cultivó la práctica de recopilar, almacenar información y documentar la vida pública y privada de individuos, del Partido Independentista Puertorriqueño desde su fundación, de grupos y organizaciones sindicales, culturales, estudiantiles o cualesquiera otros vinculados con el movimiento independentista, fueron por décadas engordadas a través de agentes de la policía e informantes pagados o gratuitos. Y como resultado de esta infame práctica se privó a miles de independentistas puertorriqueños de oportunidades de empleo y estudio, se justificaron arrestos ilegales, se criminalizó la lucha por la independencia y estigmatizó a muchos causando daños imposibles de contabilizar o subsanar. Y el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) llevó a cabo la misma práctica de recopilación y vigilancia (desde el reclutamiento de informantes hasta la propagación de falsedades y la interferencia en procesos plebiscitarios y electorales). Todavía existen en manos federales documentos que prueban una mayor intervención del FBI y otras agencias federales de seguridad e inteligencia en actividades diseñadas para interferir y socavar los intentos de autodeterminación e independencia del pueblo de Puerto Rico. Más aún, se sabe que conservan copias de carpetas preparadas por la policía de Puerto Rico. Y es oportuno dejar claro que el proceso de admisión y rectificación reciente en los tribunales de la isla no estará completo sin la inclusión de los cómplices e instigadores históricos: las autoridades federales; gran parte de la historia de la inmisericorde persecución política al independentismo puertorriqueño queda por develar.

El efecto demoledor, las consecuencias de esta persecución, especialmente en poblaciones como la añasqueña, en vecindades rurales como mi barrio Espino, espero sean algún día analizadas con la rigurosidad científica que amerita. Y quizá pueda el pueblo en general conocer entonces en toda su magnitud del extraordinario valor y desprendimiento de quienes toda una vida predicaron por sus calles la libertad, la independencia de Puerto Rico.

 Caricatura de Muñoz Marín por Filardi.
Publicado por el periódico El Mundo
a mediados de 1948, año en que se
aprobó la Ley de la Mordaza y el
PIP se aprestaba a participar en sus
primeras elecciones.

martes, 16 de marzo de 2010

¿Qué alegrías has conocido tú?

Aunque mi alma –un desierto sediento de ilusiones- /no pide su derecho de juventud y amor, /sólo te imploro en calma, por mis renunciaciones… / Tu me diste dos almas: la una, de diamante,/ los golpes de la vida bien puede soportar;/ pero me diste otra alma, soñadora y amante,/ y de pasión, a veces, me siento desmayar./ Son los mejores años de mi existencia, y muero…
Elvira Lascarro Mendoza

Sin cambio aparente en la rutinaria normalidad, amaneció. Y como es costumbre en esta vecindad y sabido de ustedes los ladridos de Lulú y Lily anuncian el nuevo día mientras Elmer calle abajo repite la noticia. Si Sobra ni se da por enterado. De pronto, los presagios: si bien suele decirse que la muerte nos lleva de tres en tres, estos parecen llegar también en trío. Primero fue Rosin, de camino a su oficina me preguntó por ti. ¿Por qué? Al rato, de vuelta en casa revisando mi página en facebook, y contestando los mensajes de anoche, llama mi atención de un poema de Johanna Andino Rivera: “Y los oídos que acordaron no beber la palabra lesionada; Hoy beberán lamentos con lágrimas libres y mejoradas”. Ahí ya me embargaba la sensación de la estocada perfecta -touché, Tomás- sin cruzar florete con la amiga poetisa. Salgo al traspatio, a la sombra, entre palmeras y flores disfruto sentado a la mesa el tercer pocillo de café. Fue entonces que recibí la llamada de mi hermano, quien había descubierto una página en facebook del barrio Espino de Añasco, el barrio de nuestra remota infancia. Y recordamos tiempos idos, y hablamos de ti, de la familia, de amigos y los vecinos de aquellos días. Al terminar la llamada dejé el celular sobre la mesa, cerca al pocillo vacío. Recordé que una foto tuya marcaba un poema en Antología Poética Universal y fui hasta la biblioteca. Es una foto en sepia. Estás sentada en un banco… estás joven y hermosa, el cabello rizado, te acompaña el viejo y una de las tías… Releí el poema. Fui por mi celular y salí a dar una vuelta. Un ruido de amargura ocupó el camino y el vacío de tu ausencia se fue haciendo presente, y mi memoria se allegó hasta el pueblo… ¡Maldito! La gente puede llegar a ser tan cruel. Y sentí coraje, lo confieso, es un coraje ya viejo. Un coraje que nadie puede quitarme, es lo único mío… Las horas cogieron el sendero que conducía a la nada.Y se me fue yendo el día.

En la noche, libro, foto y laptop en mano regresé a la mesa en el traspatio. Y las primeras líneas de la Plegaria marcada por aquella foto preceden (como epígrafe) esta nota que algo más fuerte que la prudencia me obliga a escribir para ti…

Hoy en la mañana, de un modo extraño, casi infantil, reí contigo y celebré ese niño que aún camina conmigo. A la caída de la tarde había en mí, sin embargo, una confusa inquietud. Te he tenido tan a la distancia durante mucho tiempo… sin conseguirlo. Aunque nunca te dije, de llevarte tan dentro y olfatearte sobre terrenos recién movidos, cada amanecer me conmovía -no imaginas cuánto- aquel triste mirar de tus ojos azul cielo y tu alma de poetisa, tronchada. Mi obstinación en alejarme ocultaba el temor de que llegada la noche te me esfumaras nuevamente, temor confuso e irracional que aumentaba de continuo. Descubro que conforme transcurren los años, y voy recobrando la lucidez, se me hace todo tan claro que oscurecen mis ojos lágrimas negras. Y que encaneció el tiempo mis cabellos... ¡Como han pasado los años! Hoy comprendo el porqué de tu rostro afligido, tus lágrimas bondadosas, tu dolido corazón, el silencio en tus labios apretados… tan callada de ilusiones, en ocasiones ¡tan severa!; tu encono con la vida. ¡Si pudiera como antes de...! Recuerdo que en mi adolescencia temprana te busqué en aquel vagar por las tinieblas de la noche, perdido en llanura de sombras; “errante por los umbríos senderos de las incertidumbres dolorosas”. He pagado el precio de no encontrarte aquella madrugada... Y me pregunto ¿Qué alegrías has conocido tu? Si tu vida fue tan dura, y tan abundante en privaciones... A pesar de la espera en exclusiva entiendo tu prioridad de entonces en la decisión tomada. Así que dejemos de lado las tristezas y venga a nuestras vidas la alegría. ¡Hoy cumples ochenta años! La vida misma te absolvió. Y yo no me cansaré de celebrarlo. Si no hubieras partido entonces serías otra de tantas víctimas, una estadística más en un amarillento y olvidado diario. ¡Que fuerte has sido, mujer! Celebro tu decisión. ¡Estoy tan orgulloso de ti!

PD: Perdona a este descreído que hoy, pasado tan largo tiempo, pide tu bendición.

jueves, 11 de marzo de 2010

Fue en un bar

“Mi vida no es atroz. Si dejo las intranquilas esperanzas de partir en busca de Faustine, puedo acomodarme al destino seráfico de contemplarla”.
           Adolfo Bioy Casares (La invención de Morel)

De entre todas nuestras relaciones hay una que siempre será especial, no importa cómo termine. No se si alguna vez le habrá pasado a alguno de ustedes. Y cuando se comenzó a andar temprano en la vida en el mundo de los bares se establece algo así como una relación místico-religiosa… aunque haya terminado. El diario vivir pavonea argumentos insondables en sus varios campos de batalla. En este podrías encontrar entre arrodillados implorantes, el estoicismo de algunos vencidos, la desgracia de los caídos sin remedio o en quienes sólo vienen por unas copas y ven en la atmósfera que les rodea la misma vieja película con nuevos actores, o el triunfal jadeo de mequetrefes montados por hilarantes amazonas, la argumentación que más se ajuste a tu particular visión de las cosas. Yo no ando tras argumentaciones. A mi me gusta este bar. Estoy aquí recordando, me empeño en sustraer de las horas un vuelo sin prisas por el laberinto del tiempo. Y tu recuerdo lo arropa todo… mujer. ¡De que manera me vi metido de lleno en tu historia! Hace años ya. Muchos. Demasiados quizá. La noche que me asomé a tu vida lloviznaba y me acuerdo que de camino al bar las calles estaban vacías, solos mi sombra y yo a la intemperie, apretando el paso. Hasta llegar al Club Ironía, este bar. Una vez al interior el reloj perdió el sentido, aquí la noche marcha a otro ritmo. Yo saboreaba tres dedos de güisqui (la medida de cada trago) en un punto de hielo cuando te vi surgir. El ruido de las voces, los cuerpos que amenazaban con dejarse ver en toda su desnudez, las luces juguetonas sobre las rústicas paredes, tan imprescindibles al parecer en la cultura de estos lugares, el humo de cigarros, la música de las guitarras, el piano y el saxo, discretamente iban siendo apartados a tu paso. Llevabas las manos en los bolsillos. Caminabas hacia el mostrador sin turbación alguna, escandalosamente serena. Tu curvilínea figura se adivinaba bajo el abrigo y te recorrí toda hasta llegar a tus ojos que ya me miraban y atestiguaron la turbación de saberme descubierto. Fui a desviar la mirada quien sabe a dónde y no pude… No logré resistirme al oscuro gobierno de las pasiones, al instinto animal de poseer al otro que los humanos nos empeñamos llamar deseo. En adelante hicimos de aquel reto punto de encuentro. Una vez tras el mostrador colgaste tu abrigo. Y fue total tu entrega al trabajo. ¡Qué bien conocías el oficio! Tras el arte de servir los tragos la sonrisa sugerida, enmarcada por el rojo carmín en tus labios, artificio para largas conversaciones y desvelos del alma. Otras gracias a expensas de la imaginación, “Quien pecho abarca loco aprieta” (Intensidad, de Benedetti). Pero…, siempre hay un pero, aún en historias como esta, …desapareciste. Y aunque no se que será de ti, confieso te miro en todas. El lugar me hace extrañarte, era nuestro punto de encuentro. Algunos fantasmas siguen aquí. Y de cuando en cuando regreso a su encuentro con la esperanza de… Cada bocanada un sin fin de utopías y una vitalidad física que pensaba no tendría fin (hoy el tipo al otro lado del espejo parece meteorólogo anunciando un frente frío estacionario). Cada trago ríos de caricias. Un mar de pasiones y confesiones que me llevaré conmigo.

Empieza a amanecer. Llovizna. La niebla mantiene encendidas las luces de la calle. Y me pregunto: ¿Me quedo en la cama soñando? ¿Me voy al Club Ironía?

Vídeo de fondo:
Sabina & Serrat - 17, 19 y 500 noches


PD. “Sería pérfido suponer –si un día llegaran a faltar las imágenes- que yo las he destruido. Al contrario: mi propósito es salvarlas...” (de La invención de Morel)

martes, 2 de marzo de 2010

Te recuerdo Amanda

¿Por qué perdiste tu primera serenidad? ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa con la espada en la mano? ¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios? 
     
                                             Vicente Huidobro, Altazor o el viaje en paracaídas (canto 1)

Tras el terremoto de 8,8 grados que asoló Chile, un silencio de muerte se esparció en el aire mientras bajo escombros se extinguía la vida. Algo se rompió. Rápido. “Les nació de sorpresa una noche como se abre la hoja del plátano... y, rasgó el lienzo al dar su grito”, llega a mi memoria, de Gabriela, hoy que estas notas te escribo. No te olvidé. Te recuerdo, Amanda. De golpe, otra realidad se fundía con el espejismo de la ciudad de hacía apenas unos minutos. Tu ciudad. Cinco minutos, Amanda. Cual piezas de un rompecabezas, amontonadas unas sobre otras, tu casa de concreto yacía en ruinas. En cinco minutos, “porque así son las prisas del cielo”, sentenció Sepúlveda, ese otro hermano chileno. Igual a muchas otras casas del vecindario y otras localidades del campo, la ciudad y la costa. Y corrías. Sólo pensabas en llegar a encontrarte con Manuel sin que importara nada: ni tu desnudez, ni tus heridas, ni tus pies descalzos, ni el pelo impregnado de argamasa de agua y polvo del desastre. Y seguías corriendo, entre réplicas, saqueos, motines, siniestros…, incertidumbre…, toques de queda, dolor. El inmenso océano también hacía lo suyo, devolvía recuerdos enterrados sepultando sueños nuevos. En cinco minutos, “la vida es eterna en cinco minutos”, te escribió Víctor Jara hace ya tantos años. Y por eso, tú, que sabías de arrebato de vidas, de desaparecidos, pérdidas, toques de queda, incertidumbres y largas esperas, corrías a encontrarte con él. Comprendo tu urgencia de hoy como la ayer. Ignoras que muchos ya no regresarán, tampoco Manuel. ¡Pero tienes fe!

PD: Amigos, ¡Hay urgencia! Que cada uno de nosotros sienta en Amanda y Manuel a su hermano.

Vídeo de Fondo:

Silvio Rodríguez - Te recuerdo Amanda

viernes, 19 de febrero de 2010

Casi predecible

              "La legítima pretensión del adversario de conquistar el poder es siempre una agresión”.
                                                                                                    Joseph Ramoneda

Desde primeras horas de la mañana, contadas gotas de lluvia se mezclan con un calor que raya en majadería. Empiezo el día por extrañar el soplo suave y constante de la habitual brisa en el traspatio, temprano al amanecer y de tarde al nacer la noche, lugar dónde suelo quedarme hasta agotar el día. Tras palmeras y flores se alza un muro de sobre dieciocho pies de alto que da la sensación de estirarlo al espacio y brindar majestuosidad y protección para el disfrute de gratas y aprovechables largas horas. Al mediodía, en días como el de hoy, el sol se reflejará cual espejo y la temperatura puede llegar alcanzar niveles de fuego crepitante, laterá en toda su expresión el brillo y poder de la luz. Disfruto por el momento de mi más importante cita a esta hora, saborear unas tazas de café Hacienda San Pedro, exquisito café artesanal puertorriqueño sugerente de aromas de especias, salvia y romero en particular. Molido grano fino bajo la dirección y supervisión del amigo Roberto Atienza en Jayuya. Laptop sobre la mesita a la sombra de las palmeras echo un vistazo a los diarios en la red cibernética. Sus páginas resaltan amagos de insurgencias de tono amarillento en el partido popular. Si comparamos las “insurgencias” que han existido en el ppd desde su fundación difícilmente esto de ahora podría considerarse una duradera. Pero es escaramuza de fuerte resonancia en los medios. Y su liderato lo sabe. No hay porque obstinarse en no reconocer que “ambos bandos” sacan provecho…(y como un todo) publicidad y motivación con miras a la movilización para su asamblea de este año. Tras la cual, auguro, surgirá el mismo ppd que conocemos hoy, sin moverse un ápice de su línea ideológica. No es lo peor. Mientras, algunos (por no decir los de siempre) se entusiasmarán y entretendrán ante la posibilidad de posturas ajenas a la esencia misma de un partido que depende de “la indefinición” para gozar de perfecta salud existencial, sino difícilmente podría mantenerse cohesionado. Y en esas filas, mi hermano, la tendencia natural es la administración del presupuesto, no el resolver, ni tocar siquiera con varita larga, el asunto del estatus. Y menos en año electoral, donde siempre hay que negociarlo –y se limita a un turnito- en los debates televisivos de cada cuatro años. Sin duda la discusión impacta en la opinión pública. No puede despacharse como capricho la calculada decisión de un viejo conocedor de los rituales populistas el replantear (porque no es novel en sus labios) un tema controvertido y espinoso pero que crea el alboroto conveniente ahora porque no ve luz al final del túnel que señale a un triunfo de su partido de cara a las elecciones del 2012 si su liderato sigue como va, y a la vez reducir o anticipar los conocidos efectos colaterales de su discusión. Y Willie, queriendo o sin querer queriendo, conocedor de la máxima: “si la oportunidad política la pintan calva pelo que molesta está demás” utilizará los feudos de poder a su alcance para afeitar cabezas, y afeitarse a sí mismo, ahora. Y políticamente hablando, es legítima la pretensión. ¡Claro, y de interés partidista!, argumentarán unos y otros. Ciertas ambas. Pero… flotan en el aire olores… Olor a duda, a resoluciones escritas a la medida requerida del momento sin verdaderas repercusiones en la esencia, de ágil movida organizacional, motivacional, táctica… ¿No les da olor a peje maruca -el de la conocida frase de un periodista amigo- esa necesidad urgente de discusión del asunto del estatus en las filas del partido popular? ¡Pero si allí eso es anatema! Que nadie se enoje, “sé de pasiones que nunca se hacen esperar”. Y en la pasión por la política esta necesidad de encender alguna mecha es casi predecible.

Nota: Si sobra bosteza en silencio, la vejez le ha dado por dormir. Ya no ladra.



martes, 16 de febrero de 2010

Aquello en la bulera

De tan notoria culpa/ su ignorancia culpable le disculpa;/ mas, por no ser ingratos,/ de la rienda a la gula en esos platos,/ y lo que ha acontecido/ ha de beber las aguas del olvido”.
                                                                                 Quevedo, Lira (sátiras diversas)

Hubiera escrito algo hace una semana pero la salud anduvo de vacaciones y francamente me sentí hecho una mierda. Aún así dediqué algún tiempo a larepúblicapr.com, al enlace en facebook de elvuelodelagarza y mis pininos en twitter. O sea, ordenador en mano, desde la cama, a los asuntos en la red. ¡Y cuanta alegría el ver nuevos rostros en el blog! Un abrazo de bienvenida a los recientes seguidores. Dijo Benedetti: “tu rostro es la vanguardia/ tal vez llega primero, porque lo pinto en las paredes/ con trazos invisibles y seguros/…no olvides que tu rostro/ me mira como pueblo/ sonríe y rabia y canta/ como pueblo/ y eso te da una lumbre/ inapagable”. Y yo no consigo ocultar la alegría que siento ante cada nuevo rostro. La invitación sigue permanentemente abierta para lectores, amigos y familiares que todavía no se apuntan. Mientras, continuaré con la tercera puesta sobre 1971. No hay por qué desesperar, una más y a otros temas. Pero este merece ser traído por los días vividos entonces y su pertinencia por los vividos hoy, que, dicho sea de paso, amaneció con una breve llovizna. Muy breve. Lulú y Lily (ya saben que son las perras de enfrente y en la ciudad no hay gallos) ladraron al primer asomo de sol. Elmer respondió calle abajo moviendo el rabo, como siempre. Si Sobra ni se enteró en mi patio trasero, desde hace unos meses duerme a pata suelta quizá por sordo y ciego. La vecindad despierta hoy con ciento diecisiete asesinatos en mes y medio, entre estos el de un jovencito de apenas catorce años confundido por los sicarios, once el mismo fin de semana que el gobierno declarara, en la práctica, un estado de sitio con guardias nacionales carabina al hombro en las calles, la guardia municipal, la policía estatal, y hasta refuerzo de guardias palito en las casetas de entrada a urbanizaciones cerradas; mujeres agredidas por su pareja son la orden del día, acusaciones de maltrato físico, sexual, de niños y ancianos. La economía en el piso, modelo económico desgatado, privatizaciones a tutiplén, despidos y más despidos y siempre paga los platos rotos el pueblo trabajador. Legado deprimente de administraciones que han desgobernado nuestro país y se han turnado el poder desde 1968, Ferré, Cuchín, Romero, Rosello, Sila, Anibal, Fortuño… Pero volvamos a hoy que amaneció con una breve llovizna. Breve, muy breve. Y Lulú y Lili. Y la vecindad despertando a un día más y… Willie, que en plena fiesta lo echó en la bulera y se formó en la pava un arroz con aquello más de aquello que arroz. Pero en algo todos expresaron estar de acuerdo en la susodicha fiesta que acabó como el rosario de la aurora: “¡Hay que hablar claro!” Entonces comenzó la cantinflada y me perdonan… Los Hernández Mayoral defendieron su ela adaptado al 2012 (nueva ronda de botadas a todo lo que suene a independentista, como en el 1952), y Luis Vega, soberanía pero no soberanía, no república asociada sino todo lo contrario, lo cual sabemos durará hasta que se una al chijí chijá de su asamblea, como siempre. Proela siempre proper, acatando la voluntad del “pueblo popular”. Y hasta salió de su cuasi retiro un ex legislador popular que dijo que Willie lo hacía ahora por su condición de salud (todo sensibilidad el niño, ¡ah!), que el ppd se fundó para ganar elecciones y… con soberanía… ¿Cómo? Que ni frío ni caliente ni tibio. Otro alcalde popular casi se hizo caca encima (me excuso por la expresión, no tengo otra) y advirtió de la pérdida de la tarjeta de asistencia nutricional, las becas Pell, el WiC, fondos para reconstrucción de carreteras, salud y habló de los pilares: defensa común, común ciudadanía…moneda… guiso común, común pillería. Existen varias versiones de lo sucedido y  lo escuchado en los medios. Tengo la mía. Aunque me tomo el atrevimiento de sugerir algo a los autonomistas con estas palabras de un hombre bueno, un patriota ejemplar ya fallecido pero iluminando siempre, el profesor don Pablo M. García Rodríguez: “Los autonomistas podrían considerar en qué dirección los va llevando el actual proceso histórico y plantearse si la solución es sostenible sin el reconocimiento de la soberanía, el respeto mutuo y la equidad en la relación de los dos países cuya asociación proponen”. Y como la verdad depende de quién la diga, tendrán ustedes la suya. Yo les iba hablando del 1971… Será en la próxima.

Vídeo de fondo:
El Combo Del Ayer-El Caballo Pelotero